martes, 16 de abril de 2013

Adicción al Facebook...

Segun un estudio realizado las mujeres son más propensas a volverse adictas a Facebook, con síntomas parecidos a la dependencia de substancias como el alcohol, según un reciente estudio.
Tal y como informa ‘The Telegraph’, un grupo de psicólogos de la Universidad de Bergen en Noruega analizaron a 423 estudiantes en busca de signos de conductas adictivas en la forma en que utilizan y se sentían acerca de Facebook.


Estos investigadores encontraron que algunos de los participantes mostraban claros signos de "la adicción a Facebook", similar a los exhibidos por las personas adictas al alcohol, a las drogas y a otras sustancias.

El estudio demuestra que las mujeres tienen mayor predisposición que los hombres a convertirse en adictas a la red social. Del mismo modo, los sujetos más jóvenes eran más propensos a ser dependientes del Facebook.

Además, las personas que sufren de ansiedad o inseguridad social son los usuarios más enganchados al sitio web. Gracias a esta herramienta, llenan "vacíos" y tratan de buscar la aprobación de los demás de forma constante.


Mientras, las personas bien organizadas y ambiciosas están en una menor situación de riesgo, y utilizan el sitio web principalmente para fines de trabajo o como red de contactos.
Los resultados se midieron utilizando la "Escala de Adicción a Facebook de Bergen", una lista de seis criterios para cada uno de los cuales una persona se le asigna una puntuación de uno ("rara vez") a cinco ("muy a menudo").


Las categorías incluyen la sensación de necesidad de uso de Facebook o el sentimiento de inquietud si se le niega el acceso a su cuenta.

Un decálogo elaborado por un grupo de fanáticos de la red social perfila los síntomas del internauta «enganchado»: «Su fotografía del perfil ha llegado a formar parte del esquema corporal del adicto a Una de las máximas realizaciones en la vida personal y social de un adicto es que alguien le desee "feliz cumpleaños" en su muro. Si logra tal cosa, siente que ya ha vivido lo suficiente», dice otra de las premisas.
Facebook. Cree que realmente se ve como esa imagen, la mejor, en todo momento». «

«Si esto es sólo para matar el aburrimiento», justifica un internauta. Otros, sin embargo, reconocen el peso de las redes sociales en sus vidas: «Tengo que escribir con mayúsculas porque tanto “face” me tiene medio ciega, es una pandemia», ironiza una usuaria de la red social. Son algunos de los comentarios registrados en el grupo «Mi adicción a Facebook me está preocupando… y mucho…».

«Sí, lo admito, soy culpable pero es la consecuencia de no tener trabajo», reconoce una incondicional para quien otro internauta tiene la réplica: «Gracias a él se pasan más rápido las aburridas horas de trabajo este mes». Otros prefieren banalizar la situación: «¿Y cuándo van abrir una clínica para políticos adictos al poder ?».

Cuando una actividad pasa a ser patología


Los expertos reconocen ciertas analogías entre la adicción a Internet y el juego patológico, la adicción al tabaco, el alcoholismo o las compras compulsivas, con la salvedad de que en una persona «enganchada» a las redes sociales no existe una sustancia responsable de la conducta adictiva.

El psiquiatra Federico Tonioni explica que «el uso patológico de Internet provoca síntomas físicos muy similares a los que manifiestan los toxicómanos en crisis de abstinencia», que se traducen en ansiedad, depresión y miedo de perder el control de lo que ocurre en Internet. Los síntomas: pérdida de las relaciones interpersonales, cambios de humor, alteración de la percepción temporal, empleo compulsivo del medio, el 'fetichismo tecnológico', la privación del sueño y problemas físicos de diversa naturaleza como dolor de espalda, vista cansada, etc.

La línea que separa un hobby de una adicción es muy delgada. Una persona que se sienta fascinada por las redes sociales, donde invierte cantidades ingentes de tiempo con la posibilidad de aprender, fomentar la creatividad y comunicarse estaría dentro de las pautas que conlleva cualquier otra afición. Los problemas surgen en el punto en que se traspasa el uso de la tecnología y aparecen las consecuencias derivadas directamente de la actividad.

Según el catedrático Enrique Echeburúa la adicción llega cuando esa afición «interfiere en tu vida cotidiana o no se busca esa conducta para pasarlo bien, sino para no pasarlo mal».

Perfil del «adicto»


Las adicciones relacionadas con la Red se agrupan en cinco tipos: la sexual (dependencia del sexo
virtual o la pornografía), la relacional (relativa a las redes sociales), la compulsiva (adicción a los juegos de azar, las compras, etc), la adicción a las descargas (búsqueda compulsiva de información) y la dependencia de los ordenadores (relacionada con los videojuegos).

En general, en el caso de las redes sociales el perfil del adicto es un joven, varón, con un elevado nivel educativo y cultural, y habilidoso en el uso de la tecnología informática. Se apunta a la timidez como uno de los rasgos habituales, ya que el sujeto encuentra en el ciberespacio la posibilidad de liberarse de la ansiedad producida por las relaciones sociales cara a cara, ganando en autoconfianza, dado el relativo anonimato que proporciona Internet.

El profesor de psicología John Suler señala en esta línea que aquellos que frecuentan los foros, chats y redes sociales tienen en común la búsqueda de estimulación social. Las necesidades de filiación, de ser reconocidos, poderosos o amados subyacen a este tipo de utilización de la Red.

 
Una de los numerosos departamentos médicos que van arreciando para tratar al «ciber-adicto» se encuentra en el Policlínico Agostino Gemelli de Roma. Los pacientes acuden sólo durante el día a un ambulatorio en el que se sigue un riguroso protocolo de intervención.

El objetivo siempre es reinsertar progresivamente al enfermo en un grupo de rehabilitación para «reactivar su contacto con la vida y con los demás». No en vano, el abuso de la Red ha podido arrastrar al paciente a la creación de una identidad ficticia, el aislamiento social y hasta a la obesidad derivada del sedentarismo, entre otras consecuencias.

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