Segun un estudio realizado las mujeres son más propensas a volverse adictas a Facebook, con síntomas parecidos a la
dependencia de substancias como el alcohol, según un reciente estudio.
Tal y
como informa ‘The Telegraph’, un grupo
de psicólogos de la Universidad de Bergen en
Noruega analizaron a 423 estudiantes en busca de signos de conductas adictivas
en la forma en que utilizan y se sentían acerca de Facebook.
Estos
investigadores encontraron que algunos de los participantes mostraban claros
signos de "la adicción a Facebook", similar a los exhibidos por las personas
adictas al alcohol, a las drogas y a otras sustancias.
El estudio demuestra
que las mujeres tienen mayor predisposición que los hombres a convertirse en
adictas a la red social. Del mismo modo, los sujetos más jóvenes eran más
propensos a ser dependientes del Facebook.
Además, las personas que
sufren de ansiedad o inseguridad social son los usuarios más enganchados al
sitio web. Gracias a esta herramienta, llenan "vacíos" y tratan de buscar la
aprobación de los demás de forma constante.
Mientras, las personas bien
organizadas y ambiciosas están en una menor situación de riesgo, y utilizan el
sitio web principalmente para fines de trabajo o como red de contactos.
Los
resultados se midieron utilizando la "Escala de Adicción a Facebook de Bergen",
una lista de seis criterios para cada uno de los cuales una persona se le asigna
una puntuación de uno ("rara vez") a cinco ("muy a menudo").
Las categorías
incluyen la sensación de necesidad de uso de Facebook o el sentimiento de
inquietud si se le niega el acceso a su cuenta.
Un decálogo elaborado por un grupo de fanáticos de la red social perfila los
síntomas del internauta «enganchado»: «Su fotografía del perfil ha llegado a
formar parte del esquema corporal del adicto a Una de las máximas
realizaciones en la vida personal y social de un adicto es que alguien le desee
"feliz cumpleaños" en su muro. Si logra tal cosa, siente que ya ha
vivido lo suficiente», dice otra de las premisas.
Facebook. Cree que realmente se
ve como esa imagen, la mejor, en todo momento». «
«Si esto es sólo para matar el aburrimiento», justifica un internauta. Otros,
sin embargo, reconocen el peso de las redes sociales en sus vidas: «Tengo que
escribir con mayúsculas porque tanto “face” me tiene medio ciega, es una
pandemia», ironiza una usuaria de la red social. Son algunos de los
comentarios registrados en el grupo «Mi adicción a Facebook me está preocupando…
y mucho…».
«Sí, lo admito, soy culpable pero es la consecuencia de no tener trabajo»,
reconoce una incondicional para quien otro internauta tiene la réplica: «Gracias
a él se pasan más rápido las aburridas horas de trabajo este mes». Otros
prefieren banalizar la situación: «¿Y cuándo van abrir una clínica para
políticos adictos al poder ?».
Cuando una
actividad pasa a ser patología
Los expertos reconocen ciertas analogías entre la adicción a Internet y el
juego patológico, la adicción al tabaco, el alcoholismo o las compras
compulsivas, con la salvedad de que en una persona «enganchada» a las redes
sociales no existe una sustancia responsable de la conducta
adictiva.
El psiquiatra Federico Tonioni explica que «el uso patológico de Internet
provoca síntomas físicos muy similares a los que manifiestan los toxicómanos en
crisis de abstinencia», que se traducen en ansiedad, depresión y miedo
de perder el control de lo que ocurre en Internet. Los síntomas:
pérdida de las relaciones interpersonales, cambios de humor, alteración de la
percepción temporal, empleo compulsivo del medio, el 'fetichismo tecnológico',
la privación del sueño y problemas físicos de diversa naturaleza como dolor de
espalda, vista cansada, etc.
La línea que separa un hobby de una adicción es muy delgada. Una
persona que se sienta fascinada por las redes sociales, donde invierte
cantidades ingentes de tiempo con la posibilidad de aprender, fomentar la
creatividad y comunicarse estaría dentro de las pautas que conlleva cualquier
otra afición. Los problemas surgen en el punto en que se traspasa el uso de la
tecnología y aparecen las consecuencias derivadas directamente de la actividad.
Según el catedrático Enrique Echeburúa la adicción llega cuando esa
afición «interfiere en tu vida cotidiana o no se busca esa conducta
para pasarlo bien, sino para no pasarlo mal».
Perfil del «adicto»
Las adicciones relacionadas con la Red se agrupan en cinco tipos: la sexual
(dependencia del sexo
virtual o la pornografía), la relacional (relativa a las
redes sociales), la compulsiva (adicción a los juegos de azar, las compras,
etc), la adicción a las descargas (búsqueda compulsiva de información) y la
dependencia de los ordenadores (relacionada con los videojuegos).
En general, en el caso de las redes sociales el perfil del adicto es un
joven, varón, con un elevado nivel educativo y cultural, y habilidoso en el uso
de la tecnología informática. Se apunta a la timidez como uno de los
rasgos habituales, ya que el sujeto encuentra en el ciberespacio la
posibilidad de liberarse de la ansiedad producida por las relaciones sociales
cara a cara, ganando en autoconfianza, dado el relativo anonimato que
proporciona Internet.
El profesor de psicología John Suler señala en esta línea que aquellos que
frecuentan los foros, chats y redes sociales tienen en común la búsqueda de
estimulación social. Las necesidades de filiación, de ser reconocidos, poderosos
o amados subyacen a este tipo de utilización de la Red.
Una de los numerosos departamentos médicos que van arreciando para tratar al
«ciber-adicto» se encuentra en el Policlínico Agostino Gemelli de Roma. Los
pacientes acuden sólo durante el día a un ambulatorio en el que se sigue un
riguroso protocolo de intervención.
El objetivo siempre es reinsertar progresivamente al enfermo en un grupo de
rehabilitación para «reactivar su contacto con la vida y con los demás». No en
vano, el abuso de la Red ha podido arrastrar al paciente a la creación de una
identidad ficticia, el aislamiento social y hasta a la obesidad derivada del
sedentarismo, entre otras consecuencias.



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